El 28 de mayo de 2006 Miguel Angel Martín Tejedor se despedía como futbolista en activo en las filas de la UD Lanzarote. El ex central asturiano ponía así momentáneamente fin a su vida deportiva, pues sólo unos meses más tarde contribuiría sentado al frente del banquillo a que el Juvenil A rojillo mantuviera un puesto en la Liga de División de Honor. Meses después la historia se repite y Miguel Angel vuelve a dirigir al equipo filial con la otra vez complicada misión de salvar la categoría.
Rafa Parrilla
Nueve meses después de que colgara las botas como futbolista, Miguel Angel Martín Tejedor recibía la llamada del director de la Base de la Unión Deportiva Lanzarote, Oscar Martín, para que se hiciera cargo del equipo Juvenil de División de Honor, que a falta de siete jornadas para la conclusión de la Liga había caído a puestos de descenso, lo que hacía peligrar su permanencia en tan preciada categoría.
Tras una excelente racha de cuatro victorias y dos empates desde la llegada del ex central asturiano al banquillo, al Juvenil A rojillo le sobró incluso una jornada para asegurarse la permanencia, lo que no evitó que Miguel Angel volviera a abandonar el mundo del fútbol para seguir desempeñando sus funciones de agente inmobiliario en una empresa del sector radicada en Arrecife.
Pero poco tiempo más tarde la historia tiene visos de volver a repetirse. A finales del pasado mes de octubre el ex central de la UD Lanzarote volvía a recibir la llamada de Oscar Martín para hacerse cargo otra vez del Juvenil de División de Honor de la Unión Deportiva Lanzarote, que nuevamente veía peligrar su permanencia en la categoría después de un mal inicio de temporada.
Tras unos primeros partidos en los que se siguieron cosechando resultados negativos, que hacían presagiar esta vez la imposibilidad de que el equipo enderezara el rumbo, el filial rojillo ha encadenado una serie de resultados positivos, lo que ha provocado que haya abandonado el farolillo rojo de la clasificación y empiece a ver de nuevo la salvación como algo posible.
¿Cuál es tu varita mágica?
No hay ninguna varita mágica. Más que el entrenador, son los jugadores los que tienen la posibilidad de cambiar las situaciones, sobre todo las sensaciones que se perciben dentro del equipo. Mucha parte del éxito lo ha tenido también el preparador físico del Club, Maikel Santana, a quien le agradezco que haya aceptado trabajar con nosotros y que planifica los entrenamientos como lo hace con el equipo grande. Estamos entrenando a un nivel que creo que muy equipos de esta categoría lo están haciendo, tanto en el plano de la intensidad como de la concentración.
Pero algo influirá también los conocimientos adquiridos en tu vida de futbolista…
La experiencia de haber sido futbolista profesional es fundamental a la hora de llevar un grupo a estas edades porque para ellos es un estímulo ver cómo te desbordan en una jugada cuando estás echando con ellos una pachanguita. Procuro que sientan que soy uno más de ellos; aunque eso sí, en los entrenamientos les exijo por encima de sus posibilidades porque si no entrenas al 120 por cien, no pueden después rendir en el campo al cien por cien.
¿Qué diferencias te has encontrado respecto al equipo que dirigiste la temporada pasada?
La temporada pasada hacía falta menos trabajo que ésta, porque se trataba de un equipo más veterano que tenía más posibilidades de ganar partidos a corto plazo. Había jugadores con más experiencia, que aportaban un índice de agresividad, bien entendida, más alto. Era más fácil sacar los partidos adelante porque era un equipo más hecho. Sin embargo este año se va a necesitar más trabajo aunque creo que a este equipo se le puede sacar más rendimiento a largo plazo.
A diferencia de la temporada pasada, en ésta ha costado más remontar el vuelo, ¿llegaste a dudar sobre las posibilidades reales del equipo?
Dudas hubo sobre mí, sobre el equipo y sobre la posibilidad de sacar esto adelante. Sinceramente cuando llegué, vi el futuro muy negro, pero se ha hecho un esfuerzo increíble por parte de todos para ver el objetivo de la salvación como algo alcanzable. Algo muy importante fue que por parte del Club se aceptara el descenso como una posibilidad y se marcara como nuevo objetivo forjar futbolistas y trazar un proyecto a más largo plazo. Una vez que empezamos a trabajar en esa línea se empezaron a ver resultados, aunque indudablemente aún queda muchísimo por hacer.
¿Entonces, ya se puede hablar de la salvación como un objetivo posible?
De hecho, y aunque soy consciente de que tenemos por delante un papelón tremendo, me llevaría una gran decepción si no lo conseguimos. Estoy convencidísimo de que si los chicos siguen trabajando al nivel que lo están haciendo somos candidatos a salvarnos. Es más, diría que si no lleváramos el lastre de los puntos perdidos al principio me atrevería a decir que podíamos haber acabado la temporada entre los seis primeros.
¿Por qué aceptaste dirigir de nuevo al equipo?
Me hizo aceptar la insistencia de Oscar Martín y un poco por probarme también y ver si lo de la temporada pasada había sido casualidad o no. Particularmente sé que en el fútbol nada se consigue por casualidad pero me quedaba la cosa de volver a arriesgar.
- ¿Y no hubiera sido más fácil continuar cuando concluyó la temporada pasada?
Mi situación laboral hace imposible que pueda preparar una pretemporada con un equipo. Otra cosa sería si estuviera en otro trabajo que me permitiera compaginarlo. Con dos hijas pequeñas que tengo no fue fácil tomar la decisión pero sentía el gu- sanillo, sabía lo que podía hacer y me fastidiaba ver al equipo donde estaba, porque sabía que podía dar mucho más de sí.
¿Coincides entonces con otros tantos entrenadores en que el principal problema que hay con la base en Lanzarote es la mentalidad de los jugadores?
Totalmente. En esta Isla hay un problema muy gordo de cultura futbolística entre los jóvenes. Es algo complicado pero habría que empezar ya a trabajar para solucionarlo, empezando desde casa. Los jugadores de base tienen que saber que esto es un deporte de equipo y que aunque marques dos goles en un partido puede que hayas hecho un mal trabajo si no has ayudado a tus compañeros dentro del campo. Que seas muy bueno técnicamente no sirve de nada si después no tienes capacidad de sacrificio.
¿Y cómo crees que es posible cambiar esa mentalidad entre los jóvenes?
Para mí la clave empieza por la manera de afrontar los entrenamientos. No pueden ir a entrenar como si fueran a pasar un rato con los amigos. Así no se consigue nada. Hay que hacerles ver que en la Isla hay un equipo consolidado en Segunda B al que pueden llegar, pero no en un día, una semana o un mes, sino a través de mucho trabajo y sacrificio durante años. De esta forma tendrán algún día la posibilidad de vivir del fútbol, aunque sea en otra categoría.
¿Cuántos jugadores que están ahora contigo piensas que pueden llegar al primer equipo?
Es un equipo joven, hay muchos jugadores de primer año e incluso en el once inicial están jugando cadetes. De último año hay muy pocos, por lo que es un equipo que se está formando. Hoy por hoy pienso que ya en la temporada que viene puede dar el salto algún jugador, y a corto plazo algunos más.
¿Te planteas tu futuro como entrenador?
Mi intención es sacar el título de Nivel III, pero soy consciente de las limitaciones que tengo a la hora de ejercer de entrenador. Ahora mismo me superaría entrenar en una categoría superior, por lo que hoy por hoy no me planteo nada, pero nunca se sabe lo que te puede deparar el futuro.
*Entrevista publicada en el número 121 de la Revista Oficial de la UD Lanzarote