martes, 30 de mayo de 2006
La UD Las Palmas ganó la última batalla de la fase regular. Ajena al empate que se fraguaba entre el Rayo y el Castillo (que también le servía), venció en Lanzarote y certificó su presencia en la fase de ascenso, que afronta como tercer clasificado del grupo. Su victoria fue lograda con el ingrediente que ha condimentado toda la temporada: el sufrimiento. Los amarillos aguantaron la tensión que ofreció un Lanzarote que no levantó el pie del acelerador, cerraron los espacios para que Javi Ortega no fuera vulnerado y aprovecharon una de las pocas ocasiones de gol que dispuso. Fue la victoria soñada, la que mantiene viva la ilusión de un ejercicio que llega a sus etapas culminantes.

No hubo espectáculo en la Ciudad Deportiva. El fútbol quedó supeditado a la necesidad. Ésta se disfrazada de reivindicación moral en el equipo local (incentivos inconfesables al margen), que peleó todos los balones y que llevó el peligro a su manera. Y en el bando grancanario se percibía el aroma de una fase de ascenso que no podía escaparse esta vez. El partido, sin embargo, sólo se pudo romper en los instantes finales. Para una vez que Juanma utilizó la banda, alcanzó la línea de fondo y colgó el balón al segundo poste. Allí estaba David Rodríguez que metió la cabeza con decisión, enviando el juguete lejos del portero Iván.

El refuerzo de invierno que había prometido quince goles al fin anotó uno que tenía alta cotización. Por un momento acaparó toda la atención de sus compañeros y se convirtió en un jugador importante, que tendrá algo que decir en la fase final.

Antes de alcanzar ese estado de auténtica excitación, los amarillos padecieron lo suyo. El comienzo del encuentro descubrió a una UD titubeante, que peligró su integridad en los primeros minutos con un cabezazo de Jorge Campos que aborta Víctor y un nuevo testarazo hacia atrás del veterano central, que a punto estuvo de sorprender a Ortega.

Cuando Las Palmas logró sacudirse los nervios, se metió en el juego que más le convenía: la lucha se desarrolló en el centro del campo, en un ejercicio puro de desgaste, buscando cualquier posibilidad para abrir el marcador primero y eludir presión extra.

Los recursos no fueron abundantes y a base de insistencia llegó el peligro de forma tímida al área del Lanzarote. Para entonces ya se sabía que el Castillo se había adelantado en Vallecas. Los jugadores preguntaban al banquillo, que transmitía las buenas noticias. La mejor ocasión la disfrutó Alejandro Suárez, a la media hora. Tras una falta de Curro el balón alcanzó su posición, bajo palos, pero remató alto con la cabeza.

Los parámetros se mantuvieron en la segunda fase del choque. Las Palmas lo intentaba con disparos lejanos o remates a la posición del meta Iván Gómez, que no vio peligrar los puntos casi nunca. La noticia del empate rayista alimentó la preocupación grancanaria. Dos goles separaban a la UD de la tragedia. Y el Lanzarote apretaba de verdad, aunque sin alcanzar la zona de remate. Poco a poco, la UD fue dando peligrosos pasos hacia atrás, acorralada quizá por sus propios temores. El Lanzarote cruzaba balones en busca de Meca y el partido había entrado en esa fase incierta.

Juanito refrescó al equipo. Hizo cambios. Perdió tiempo y buscó un aliado en el reloj. El balón seguía siendo maltratado por ambos conjuntos hasta que apareció la jugada del día. El primer centro con criterio, con rosca y precisión lo firmaba desde la izquierda Juanma. Y David Rodríguez, con su cabeza, acertaba a rubricar el segundo tanto suyo desde que viste la camiseta amarilla.

Las expresiones de alegría fueron indescriptibles y se prolongaron hasta casi una hora después de haber finalizado el encuentro. De un zarpazo Las Palmas ganaba el partido y se metía en el tercer puesto, además de expresar que desde hace dos jornadas se siente equipo de liguilla, porque lo está viviendo con tanta intensidad que hoy puede ser un rival muy peligroso para sus próximos oponentes.

*Crónica publicada en LA PROVINCIA

Publicado por rubenbetancort @ 2:12  | Prensa
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