El Sanse ha sumado ante el Lanzarote su decimoquinto empate de la temporada en 31 jornadas y lleva camino de batir todos lo registros en igualadas. Por ello sigue sin tener garantizada la permanencia y va a tener que sufrir unos cuantos domingos más para lograrla.
De todas formas habría que recordar a más de uno que el fútbol es un espectáculo deportivo, no teatral. Y es que el Lanzarote aterrizó en San Sebastián de los Reyes con la intención de embarullar el encuentro desde el principio, sabedor que el empate podía ser un buen resultado para ellos, exagerando las faltas, fingiendo lesiones gravísimas ante leves empujones, perdiendo tiempo en cuando se le presentaba la ocasión y lo más grave, faltando el respeto a sus rivales.
En el minuto 33 ya quedó evidente que esa estrategia anti-fútbol venía dirigida desde el banquillo cuando el entrenador visitante no tuvo ningún reparo en gritar “gilipollas” a Barbero ante el asombro de todos los presentes. Perdonen la licencia, pero ese calificativo sería más apropiado adjudicárselo al técnico, incapaz de aplacar su nerviosismo e insultando en tal volumen que le escuchaban hasta en La Islas. Con justicia, Álvaro Pérez tuvo que ver el resto del encuentro desde la grada y habrá que esperar a conocer cuál es la pena que le impone la Federación (acciones como éstas son las que se deben cortar con medidas ejemplares).
El partido, por lo demás, fue bastante flojo en lo futbolístico, con dos equipos que se respetaban en demasía sobre el césped y que jugaban con únicamente un punto arriba. Sin embargo, ente tanta carencia ofensiva, si hubo un equipo que mereció la victoria ése fue sin duda el Sanse. Ya en la primera parte gozó de dos buenas ocasiones de gol, ambas en las botas de Aitor. En la primera, su lanzamiento de falta salió muy cerca de la escuadra y en la segunda su obús, desde fuera del área se encontró con la palomita de Iván Gómez. El Lanzarote, por su parte, se limitaba a disparar desde fuera del área.
Pero donde realmente se vieron las mejores ocasiones de gol fue en la segunda parte, sobretodo al principio de la misma. Honorio y Redondo, en una doble ocasión, se encontraban con el portero canario y el palo respectivamente: y el nueve sansero no podía batir cinco minutos después al guardameta en un claro mano a mano.
El partido culminó con un disparo de Honorio desde la frontal que atajó con dificultades el guardameta visitante y que a punto estuvo de castigar justamente al Lanzarote por su juego vergonzante y vergonzoso.
*Crónica publicada en www.elgoldemadriz.com