Nadie se quedó triste ni disconforme del todo con el empate de ayer entre la UD Lanzarote y el Vecindario, pero a los locales, aunque volvieron a puntuar después de un mes sin hacerlo, les supo a poco, mientras que los grancanarios lo saborearon casi como un triunfo.
El partido prometía; el segundo clasificado, el mejor equipo de la segunda vuelta, visitaba a un Lanzarote en medio de su proceso de renovación, con la llegada de Álvaro Pérez al banquillo apenas cuatro días antes. Pero los grancanarios no demostraron en el campo de juego por qué están tan alto en la clasificación, y los locales mejoraron notablemente respecto a sus últimos partidos, pero tampoco tanto como para poder decir con todas las letras que jugaron bien.
Eso sí, las ocasiones de gol fueron muchas más para los lanzaroteño que para los dirigidos por Pacuco Rosales. La primera clara llegó en el minuto 13, cuando Lanza tiró una falta que cabeceó Checa picando el balón, pero detuvo Santi Lampón. El portero del equipo grancanario volvió a ser el gran protagonista ocho minutos después, en las dos jugadas encadenadas donde más cerca estuvo del gol el equipo rojillo: un remate de falta directa de Lanza que Lampón sacó con la punta de los dedos a corner y un remate de Checa al poste a la salida de ese tiro de esquina.
El Vecindario, mientras tanto, también jugaba en campo del Lanzarote pero sin crear ninguna ocasión clara durante toda la primera mitad, contabilizándose sólo dos remates desde muy lejos de Michel que se fueron altísimos. Así, la posesión de balón estaba repartida a partes iguales, pero el peligro sólo lo crearon los locales.
En el descanso, Pacuco Rosales hizo dos cambios para ver si lograba hacer espabilar a su equipo, y lo logró en parte, ya que se acercó un poco más al área rojilla aunque siguió sin crear peligro, mientras que el Lanzarote fue mejorando cada vez más en su juego. Diez minutos después de la reanudación, apareció el verdadero buen fútbol de los locales, sobretodo gracias a las triangulaciones que tenían como protagonistas a Gustavo, Maciot, Meca y a veces Lanza. Parecía que allí el gol rojillo estaba muy cerca, con tres remates de Meca –dos desde unos 40 metros y otro de cabeza- que metieron el susto en el cuerpo a los grancanarios, y una falta botada por Lanza. Pero cuando parecía que el gol estaba madurando, Meca saltó luchando por un balón con Dorta, el árbitro interpretó que en la acción el delantero rojillo le dio un codazo voluntario en la cara al defensor visitante, y le expulsó con roja directa.
Al quedar con inferioridad numérica, el Lanzarote, aunque no se replegó, perdió ese empuje ofensivo que parecía ponerlo muy cerca de la victoria, y el partido se equilibró. El Vecindario, pese a estar jugando con un hombre más, no logró no obstante hacerse con el control de la situación, aunque sí tuvo en ese período sus dos únicas ocasiones claras de gol: un remate de Memo que se fue rozando el post, y una de Viyuela desde la frontal que se fue fuera. En definitiva, demasiado poco como para llevarse los tres puntos ante un Lanzarote que estuvo lejos de brillar, mostró una mejor cara y se mereció tal vez algo más que ese solitario punto.
En todo caso, hacía meses que no se veía y oía a la afición del Lanzarote alentar y aplaudir a su equipo como lo hizo ayer, sobretodo en la segunda parte. Y también contrariamente a lo que había ocurrido en los últimos domingos, todos se quedaron hasta el final del partido. Buenas sensaciones, en definitiva, para la nueva etapa rojilla y satisfacción para un Vecindario que logró puntuar fuera y sigue en la parte alta de la clasificación.
*Crónica publicada en LA PROVINCIA