Cayeron dos tabúes de un tiro. El Ourense ganó en Lanzarote y lo hizo, además, con una remontada, recurso que desconocía desde hacía dos temporadas.
Fue el mejor partido de fútbol combinativo de la era Tomé, especialmente durante una primorosa segunda parte. Y ese juego, unido al idilio permanente que el técnico mantiene con la fortuna, fueron los argumentos esenciales para dar un triunfo que permite a los rojillos subir hasta el escalón intermedio de la Liga.
Y eso que el partido durante muchos minutos evocó a tiempos no demasiado remotos. A aquellos cuando el Ourense creaba las oportunidades y los demás ganaban.
Porque eso fue lo que pasó hasta el empate. Como sucedía antes, la primera llegada equivalía a un tanto en contra. En esta ocasión fue un fallo en la entrega que dejó un balón en la frontal que Lanza no desaprovechó.
El segundo tiempo fue un monólogo de juego. Los ayer blanquiazules tuvieron el balón, las ocasiones y todo el peso del partido. Ayer era el día de Padín y el ex granate se encargó de hacerlo todo en el saque de un córner. Recogió en el pase corto, buscó el vértice del área y desde allí, con la derecha, metió el balón por la escuadra.
Lejos de recular, el equipo visitante siguió buscando el balón y el dominio del partido, aunque el tanto del triunfo llegó en un patadón excelentemente dirigido. Currás cortó y pegó con criterio a en busca de la carrera de Óscar Martínez, quien selló la victoria.
*Crónica publicada en LA VOZ DE GALICIA