Lanzarote y San Isidro se ajustaron a los cánones de todo derbi regional -equilibrio de juego y de oportunidades, respeto y superioridad de las defensas sobre los ataques- e igualaron sin goles en un embarullado encuentro. Al equipo que entrena Julio Durán, que sigue posicionado en las plazas que conllevan al término del campeonato la pérdida de la categoría, el reparto de puntos de poco le sirve; mientras que a sus adversarios le mantiene en la zona templada de la tabla.
Durante la primera mitad, los jugadores que dirige el técnico Adolfo Pérez fueron de menos a más y, en todo caso, se erigieron en los auténticos dominadores de la situación, hasta el punto de convertir al guardameta Salillas en el héroe de la mañana, ya que paró todo lo que le llegó con peligro y un poquito más -realizó intervenciones de lujo-.
Sin embargo, en el minuto 12, la acción inicial comprometida en área llevó aparejada la polémica, ya que Noah cayó de bruces cuando Raúl García le entró, aunque el árbitro no estimó la acción como punible. Checa, algo más tarde, propició el renacimiento de la omnipresente figura de Salillas en el momento que cabeceó y el portero visitante metió la manopla para enviar el esférico a córner. En el minuto treinta, se produjo la segunda parada de Salillas. Cotrofe pugnó por un balón en la banda izquierda, sacó el pase de la muerte para Jaba, quien remató sin parar y a media altura, tras hacer un giro de cintura y zafarse de la marca de un rival, para que aquel volase prodigiosamente y alejara el peligro.
Hubo una tercera parada del exquisito cancerbero foráneo, justo después de un largo saque de banda en que Gustavo recogió un rechace a la corta del defensa Jacob y disparó sin pensárselo dos veces, para que Salillas despejara el esférico cuando se colaba junto al travesaño. La última oportunidad del primer periodo se produjo en tiempo añadido, como consecuencia de una jugada de contraataque visitante y en la que Valdés tiró como le vino el balón -a uno de los laterales de la red- tras cesión larga de Airán.
Una variación fundamental se originó tras el descanso y fue que el equipo dominado -San Isidro- se convirtió en el radical dominador del juego. Los jugadores que entrena Julio Durán, a medida que pasaron los minutos, contemplaron más de cerca la posibilidad de victoria, aunque las presión que realizaron apenas creó peligro.
Un lanzamiento de libre directo ejecutado por Valdés y bien rematado por Noah con la testa resultó la ocasión más nítida de hacer gol del cuadro tinerfeño -el balón salió fuera por poco-. Mientras, los jugadores locales se sintieron atenazados y con escasos recursos para maniobrar, por lo que su técnico recurrió a los relevos en el intento supremo de corregir, algo que tampoco le produjo el fruto que esperaba.
El tiempo fue transcurriendo de manera inexorable y las situaciones de peligro ante las respectivas porterías no llegaron, porque unos -los visitantes- no pudieron o no supieron cuajar la presión, o porque sus adversarios, que ejercieron con más ahínco la función de contención, se lo impidieron.
*Crónica publicada en CANARIAS 7