Por no haber, no hubo ni goles, ni buen juego, ni emociones, ni técnica, ni intensidad ni público. En el derbi de la primera jornada entre la UD Lanzarote y el Castillo fue soso a más no poder, sobretodo por la evidente premisa principal de no encajar planteada por los dos equipos, con un guión llevado a rajatabla por los jugadores a lo largo de los 90 minutos. Ambos
lograron ese objetivo, con un reparto de puntos que, no obstante, deja más conforme a los grancanarios, por su condición de visitantes, que a los anfitriones, y que aburrió a la escasa afición que cambió playa por
fútbol.
La seriedad defensiva fue así el principal argumento de ambos contendientes, facilitada por un planteamiento táctico sumamente conservador desde los dos banquillos. Por eso, si hubo algunas escasas ocasiones de gol, fue por desconcentraciones puntuales de la zaga rival, y no por atrevimientos ofensivos de algunas de las partes.
Este rácano ambiente futbolístico dejó, sin embargo, como balance una leve supremacía del Lanzarote en cuanto a ocasiones de gol, las dos más claras en la segunda mitad: tres remates consecutivos de Fali, Ito y Carreño –dos de ellos tras sendos rechaces- parados por Ibrahim, Axier y Visconti, en ese orden en el minuto 79; y un tiro de Sarasúa tras un córner, al segundo palo, también detenido por el guardameta visitante, en el minuto 83.
Antes de esas dos jugadas, el Castillo también había tenido una oportunidad muy clara de romper el 0-0, cuando en el minuto 59 Dani García, desbordó por la derecha, sacó un centro pasado que tras un buen control remató Leroy, totalmente libre de marca, pero estrelló el balón en el poste izquierdo de Marino.
Pese a esto, no es de extrañar que ni uno ni otro equipo haya podido mover el marcador, ya que ninguno de los dos banquillos decidió romper un esquema
conservador desde el principio y que no se vio alterado por ninguno de los seis cambios que hicieron entre los dos equipos.
Los delanteros centro Carreño y Aníbal fueron poco más que meros espectadores del encuentro, algo más el del Lanzarote que el del Castillo, ya que el punta rojillo estuvo muy poco acertado, sin ganar ninguno de los
balones largos con los que probaban sus compañeros, ya sea por anticipo de sus marcadores o por poca destreza propia.
Las entradas en la segunda parte de Fali e Ito dieron un poco más de frescura al Lanzarote de medio del campo para adelante, pero muy tímidamente, mientras que la sustitución del muy activo y extenuado Jaba por Cotrofe tuvo el efecto contrario. En el Castillo, ninguno de los tres cambios se notó en el desarrollo del encuentro.
En definitiva, un partido inaugural que deja para ambos equipos idéntico balance; salvo un par de despistes puntuales, el trabajo en defensa fue casi impecable, pero de medio campo hacia arriba queda mucho por hacer se tres en tres y no dormir a la afición.
* Crónica publicada por LA PROVINCIA el lunes 29 de
Agosto